Rafael Arteaga


Febrero 06, 2003
Articulo
Escrito por martin a las 06:04 PM

Los tiempos que corren parecen alimentar algunas aseveraciones, que no requerirían comprobación alguna, ya que son como el Dogma, verdades absolutas e irrefutables. El campo de las adicciones y el consumo de sustancias llamadas Drogas parece constituirse en un terreno propicio para este tipo de practica discursiva dogmática.

Llamaré a este discurso: 'EL DISCURSO CORRIENTE’, el de la opinión pública, diferenciándolo del 'discurso clínico’, el de la clínica psicoanalítica. Pero si aspiramos a sentar las bases de una Clínica con estos pacientes ¿podemos contentarnos con Afirmaciones tales como "la droga hace mal”?, y si así fuere ¿ por que hace mal? , y en todo caso ¿ a quién le hace mal?. Aquí se presenta como insoslayable la delimitación de nuestro objeto, así diremos que nos ocuparemos del Sujeto, Sujeto del Inconciente al cual la droga ¿lo afecta?.

Aquí es necesaria la referencia a los Tres registros planteados por Lacan: provisionalmente podríamos señalar: En lo Real la incidencia de la estructura química de la sustancia en el organismo, en lo Imaginario el efecto sobre la imagen del Cuerpo y en lo Simbólico el efecto del Significante (que en cada caso será particular para cada quien) sobre el Sujeto

De otro modo condenaríamos al sujeto humano a la categoría de preparado de laboratorio que responde de tal o cual modo ante la presencia de un estimulo, bien sabemos que esto no es así. El universal del efecto químico debe ser acompañado del particular referido al modo en que se inscribe ese efecto químico universal.

La clínica nos enfrenta diariamente con la experiencia de que la mera ingesta de una sustancia no alcanza para la constitución de un adicto, sin embargo para nombrarlo de este modo, desde la clínica “del discurso corriente”, sí alcanza.

Sabemos que la introducción de la droga es condición necesaria pero no suficiente, se requerirá de un paso mas en el campo de la subjetividad.
Hablo de una implicación subjetiva, en el sentido de algún obstáculo en la cotidianeidad imaginaria del sujeto, es necesario que algo no funcione en su relación con la droga - Aclaro, en este punto, que no se trata que alguien llegue a la consulta portando algún interrogante al respecto, solo basta que algo no marche como hasta ese entonces, lo cual no debería sorprendernos, pues es el modo en que llegan en general - y en el mejor de los casos- la mayor parte de las consultas.

La construcción de algún interrogante será en cada caso una tarea a realizar en el transcurso de la cura.


Rafael J. Arteaga

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